Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio en...

martes, 25 de octubre de 2016

Los descansos del Amo Luis


Encendió la TV desde el mando que estaba apoyado en uno de los brazos del sofá pero no pareció entretenerle mucho o lo que vio encima de la mesa le gustó mucho más. Se levanto rápidamente apartándome con ligeras patadas en el costado para coger la fusta y blandirla en su mano sin evitar que se le escapara una corta carcajada socarrona que escuché desde mi posición aún a cuatro patas en medio del salón.
A los pocos minutos, sus piernas descansaban de nuevo encima de espalda y descargaba en momentos aleatorios la fusta sobre una parte de mi culo que le viniera más a mano. La verdad es que los golpes eran bastante fuertes para la desgana con la que parecía darlos. De vez en cuando paseaba la punta de la fusta por mis nalgas suavemente, supongo rozando las rojeces que me iba dejando, que al día siguiente comprobé en el espejo.

domingo, 23 de octubre de 2016

Empezó como tantas veces


Sin mediar palabra se bajo los pantalones y su polla salió rápida para meterse en mi boca. Casi ni pude saborearla porque enseguida empezó a follarme la boca metiéndomela hasta le fondo de mi garganta. Yo aguantaba como podía dejando caer las babas desde mi boca al suelo. Se pasó un buen rato sujetándome la cabeza con ambas manos y dedicándose a tenerla el mayor tiempo posible metida hasta le fondo de mi boca cuando me apartó la cabeza con ambas manos hacia mi espalda haciéndome casi caer.
Se tomó un momento para cerrar la puerta que seguía aún entreabierta y le dio una vuelta a la llave que colgaba por dentro en la cerradura. Al girarse de vuelta frente a mí con el bulto de la polla durísima, oculta de nuevo bajo su pantalón, mientras yo intentaba limpiarme con los dedos las babas que aun corrían por mi barbilla y miraba por el suelo los charcos que había ido dejando, decidió levantarme la mano por primera vez. Medio lo vi venir, y levanté la cabeza por ver qué pasaba justo cuando su mano extendida se estrellaba contra mi cara con un sonoro bofetón y llenando mi mejilla de rubor.
-          A 4 patas, allí! – señalo delante del sofá mientras caminaba hacia él y se sentaba en el centro

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