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martes, 6 de diciembre de 2016

Cuando ya estoy "preparado"


Esa postura con ligeras variantes en cuanto a cómo ataba mis pies al suelo, la repetí muchas veces los días sucesivos siempre empezando por la misma frase:
-          Te voy a preparar.
También cambiaba los diferentes artilugios que aplicaba en mis pezones, a veces las presas, a  veces una buena cantidad de pinzas para la ropa y las menos, las pinzas japonesas o los succionadores. Nunca cambiaba lo que se aplicaba sobre mis pelotas, siempre el paracaídas con el máximo de pesas que tenía que me hacía intentar doblar mis rodillas para hacer que mis huevos estirados estuvieran lo más cerca del suelo posible.
Pero si que cambiaba lo que hacía colgar de mis pelotas, a veces el Amo se descalzaba y conseguí usar los cordones de sus propias botas o zapas para colgarlos del paracaídas bien ceñido a la parte superior de mi escroto. Hoy había hecho eso con sus botas y en ese momento decidió que debería lamerlas. Así que estiró al máximo el cordón de sus botas hacia mi cara, llevándose consigo mis huevos estirados en la dirección contraria a la que las pesas tiraban. La sensación no fue tan dolorosa cuando conseguí por fin estirar mi lengua y empezar a lamer la punta de una de las botas marrones para los días lluviosos que el Amo usaba y que ya había lamido con mucha más dedicación unas cuantas veces antes.
Abrí la boca para gritar sin ninguna cortapisa, sin recordar que esta vez no llevaba mordaza, y casi me mordía la lengua al apretar los dientes mientras mis rodillas se flexionaban por mis piernas temblorosas. El Amo había dejado caer la bota desde la altura de mi boca sin previo aviso arrastrando con ella los pesos levantados que estiraban mis pelotas. El grito se debió de oír en toda la calle, pero la verdad no me importaba: una sonrisa enorme se dibujaba en la cara del Amo Luis tal y como vi de refilón mientras dejaba caer mi cabeza hacia atrás en un intento de aguantar la tracción en mis huevos.
Con eso me gané que me pusiera la mordaza y que ese día siguiera cebándose con mis pelotas.
Me extrañó que me colocara los pads del electrokit, cada uno cuidadosamente pegado a mis testículos bien hinchados, porque ya llevaba dentro de mi culo el plug que usaba con el electrokit, tal y como había notado por su frio tacto de acero. Un flash recorrió mi mente
-          El Amo no sabe que el electrokit tiene dos salidas simultaneas, no? O sí lo sabe…
El Amo no era estúpido, así que lo había descubierto en los usos anteriores pero hoy comprobaría si funcionaba, aunque tardó en disiparnos las dudas: la suya sobre sin funcionaba y la mía sobre si lo había descubierto.
Comenzó como siempre enviando unas descargas leves por el canal del plug, con baja intensidad pero prolongadas en el tiempo. Ya sabía el doble efecto que tenían en mí. Por un lado conseguían que empezara a pensar lo que me esperaba, para mí el electrokit es el peor de los castigos que se me puede aplicar, y ya empezaba a gemir a través de la mordaza de látex. Y por el otro, mi polla se ponía en 2 o 3 descargas dura como el mármol y empezaba a gotear cuando subía la intensidad de las descargas haciéndolas más cortas en duración.
El Amo aprovechaba ese momento para castigar mi polla y la golpeaba con las diferentes herramientas que tenía a mano. Esta vez fue con la fusta, pero solo me dio 3 o 4 golpes en los que yo prácticamente no gemí porque estaba todavía sintiendo la electricidad subiendo por dentro de mí de las descargas anteriores.
Así seguía yo, sintiendo los resquicios de la electricidad dentro de mí, cuando llegó la primera descarga en mis testículos, sin lugar a dudad de intensidad máxima y bastante larga que me hizo, de nuevo, perder la fuerza en las piernas y doblar las rodillas sintiendo que mis huevos iban a explotar en cualquier momento, entre la descarga y la presión del paracaídas con las pesas.
La siguiente ya fue la que disipó la duda, aunque yo no me di cuenta hasta varios segundos después cuando dejé de balancear mi cabeza y conseguí bloquear mis rodillas de forma erguida de nuevo. El Amo había lanzado una nueva descarga con la misma potencia que la anterior pero esta vez a través de los dos canales simultáneamente. Ya con la cabeza hacia adelante pero con lágrimas en los ojos y pensando que el Amo había descubierto el doble canal sin que yo se lo dijera (y eso le iba a enfadar) la corriente dejaba un ardor por dentro de mí y en mis huevos que esta vez llegaba hasta mi polla por dentro. Enfoque el suelo con mis ojos llorosos y descubrí una mancha en forma de chorro muy blanca. Eso explicaba el ardor de mi polla, me había corrido con la última descarga.
Otros 3 chorros de leche saldrían disparados de mi polla, que se mantuvo en todo momento 100% dura a perfectos 180 grados de mi abdomen, ante la atónita mirada del Amo Luis con las 3 siguientes descargas, también a la máxima potencia que permitía el electrokit, mientras yo gritaba a boca completamente abierta, apretaba mis nalgas contra el frío plug que me estaba casi quemando, y dejaba que mis brazos colgasen al completo de las cuerdas del techo para que mis pelotas llegarán lo más abajo posible al amparo del suelo mientras intentaba doblar más las rodillas hacia adelante siempre separadas por la barra que sujetaba mis tobillos entre sí.
Cuando recuperé las fuerzas me desató y mandó limpiar el suelo.

                         



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