Imprescindibles

No se pierda... Videos Hice un buen servicio en...

sábado, 28 de enero de 2017

Probando Construcciones


Después de unas cuantas conversaciones, bastante largas, había llegado la hora de tener una sesión con el Amo, del que ya me sabía prácticamente todas sus fantasías. Después de una caña rápida, para él (a mi no me entra la cerveza con este frío) cerca de mi casa, los dos subimos con ganas por las escaleras y yo le abro la puerta para que entre a ver mi salón, que he preparado previamente.
Encima de la mesa, apartada a una esquina, estaban disponibles la pala de spank, la fusta, y un látigo pequeño de múltiples colas. Había quitado los cuadros que tapaban en las paredes las argollas para ataduras, y pasado una de las cuerdas por cada una de ellas, dejándolas libres. Y lo mismo con los paneles de madera del techo y suelo, de forma que había 6 cuerdas libres por todo el salón. Acomodados en el sofá, los tacos de madera que había preparado el día antes y el electrokit.
-          ¿Quieres otra cerveza? –pregunté con la misma cordialidad con la que estábamos hablando en el bar.
-          Empieza la sesión – me contestó – Ya sabes…

No le di tiempo a terminar la frase porque yo “ya sabía” lo que tenía que hacer. Empecé a desnudarme despacio, dejando mi ropa ordenada encima del sofá, sin dejar de mirar al Amo. Tenía una barba recortada y bien arreglada, de pelo denso y negro, que contrastaba con su cabeza completamente rapada. Mientras me quitaba los pantalones, él se quitó la camisa y dejó al descubierto su torso, de buena anchura, con un arnés de cuero, cubriendo una manta de vello negro, que parecía colocada a propósito para definir más sus pectorales. Terminé de quitarme mis suspensorios y me quedé quieto, viendo como él seguía también quitándose la ropa, para dejar al descubierto unas piernas igual de moldeadas y velludas que su torso; llevaba un slip negro, en el que se veía un paquete de buen tamaño.
-          A sus órdenes, Amo – dije, para indicar que yo ya estaba completamente listo para la sesión.
Él no necesitaba nada más para estar listo y comenzó a coger las cuerdas, que estaban dispersas por la habitación, enlazadas a las argollas de las paredes, el techo y el suelo. Respiré profundamente mientras el Amo empezaba a pasar cuerda de un lado para otro, alrededor de mis manos y mi cuerpo, mientras mi polla se hacía participe de mi enorme excitación. En cuestión de unos minutos, la parte básica de la atadura estaba completada: mis brazos estaban extendidos hacia el techo, por separado, cada uno en dirección a una de las argollas, y estirados por completo.
La holgura de las cuerdas de mis muñecas aumentó cuando el Amo colocó los dos tacos debajo de mis pies, con las piernas abiertas, uno debajo de cada pie; noté el frío tacto el metal en mis plantas. El Amo reajustó las cuerdas de mis muñecas, y aunque mis manos tocaban casi el techo, me dejó de nuevo con los brazos completamente estirados para la nueva altura de mi cuerpo, que había sido aumentada por los grandes tacos de madera.
Liberó las dos cuerdas que pasaban por las argollas del suelo y utilizó una de ellas para empezar un complicado entrelazado, pasándola alrededor de mi cuello. El montaje no le convenció y lo desató de nuevo para volver a empezarlo, después de encontrar el collar de perro que me puso, siguiendo mis indicaciones, semi-inmovilizado. Con la ayuda del collar completó la atadura, que rodeaba mi abdomen por la mitad, y doblando una de mis rodillas la dejó suspendida en el aire, atada por el tobillo. La posición empezaba a ser bastante incómoda para mí.
Las ataduras ya habían concluido y el Amo comenzó a disfrutar de mi cuerpo, aunque creo qué, también había disfrutado bastante con el tacto de las cuerdas sobre el mismo. Pasó sus secas manos por todo mi torso, disfrutando uno a uno de cada centímetro, sintiendo mis pectorales, y jugando despacio con mis pezones. Después acarició suavemente mi abdomen, sintiendo los músculos. Se paró bastante tiempo juagando con mi erección, rozando mi polla con un solo dedo, acariciándola por todos los ángulos, y sopesando mis pelotas duras, que quedaban bastante accesibles con una de mis piernas replegada hacia mi espalda.
Buscó en la mesa el pequeño látigo y lo utilizó despacio, al principio. Lo movía con rapidez, dándole vueltas en el aire con su muñeca, acercándolo poco a poco a mi cuerpo, hasta que me golpeaba los abdominales, casi rozándolos, sin que el movimiento parase. El ligero cosquilleo de las pequeñas tiras de cuero sobre mis abdominales pronto se convirtió en molestia; y la molestia en dolor, cuando los movimientos se hicieron menos suaves, reduciendo su frecuencia, pero aumentando la longitud del trozo de las tiras que golpeaba mi piel, y también la dureza de los golpes. Cuando empecé a emitir pequeños gemidos de dolor, el Amo ya estaba simplemente separando el látigo hacia atrás, para dejarlo caer con fuerza contra mi estomago, en el que yo ya notaba, de forma continua, un calor irritante, incluso cuando no me caían golpes en él.
Al Amo pareció gustarle el resultado de ese pequeño castigo, pues volvió a pasar su mano por mis abdominales, disfrutando de las rojeces, frotándolo, mientras yo le veía morder sus labios desde mi posición elevada. Mientras se alejaba para ver la escena más de lejos, su antebrazo tropezó con mi polla, bien dura y babeando, y se fue a la mesa para cambiar el látigo por la fusta, con la que me lanzó unos cuantos golpes a la polla, que me arrancaron mis primeros gritos de dolor, como una transformación de mis ya continuos gemidos, debido a la posición de mi cuerpo, mi pierna levantada, mi abdomen ardiente y lo cachondo que estaba.
Después de los golpes de fusta que le cayeron a mi polla desde varios ángulos, también uso la fusta para darme unos cuantos golpes en mis pelotas, algunos de ellos bastante fuertes, haciendo que mi pierna libre intentara huir, en medio de un pequeño grito de dolor, descolocándose del centro del taco de madera. Parece que eso le recordó al Amo el objetivo principal de la sesión, que era probar la funcionalidad de esos mismos tacos.
Se alejó de mí por unos minutos, dejándome gemir en mi inestable postura, pues yo intentaba recolocar mi pie en el centro del taco, con cuidado, mientras él se familiarizó con el electrokit y sus diferentes conexiones, sin hacer caso de mis gemidos. Por fin, volvió hacia mí con las cosas claras y consiguió mantener en su mano el panel de control, después de haber conectado una de las salidas a la pestaña metálica del taco, que sobresalía por uno de sus lados.
Por desgracia para mí, el montaje funcionó a la perfección esta la primera vez. Con el accionado del electrokit, conseguía que una pequeña corriente circulara por la lámina de metal, haciendo que la descarga llegara a mi pie. El grito que yo pegué con la primera prueba fue enorme... y progresivo. Por supuesto, levanté completamente el pie del taco, quedando mi cuerpo suspendido por las muñecas del techo. Volví a posar mi pie, solo la punta, con miedo de que la lámina siguiera cargada para descansar mis articulaciones, aún apagando el grito de mi garganta. Antes de que acomodara el pie completo, una nueva descarga volvió a llegar sacándome otro grito aún más fuerte y levantando más mi pie, causando más tensión en mis brazos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Le aviso si hay Novedades...

Su email: