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sábado, 11 de febrero de 2017

Dará para seguir construyendo


-          Comienza la sesión, esclavo – había dicho el Amo en cuanto yo le abrí la puerta.
En silencio absoluto me dirigí al centro del salón y procedí como siempre a quitarme toda la ropa, mientras él se quitaba la suya, pero fui interrumpido.
-          No te quites todavía el suspensorio – me dijo.
-          Entonces estoy listo, Amo – contesté, cuadrando mis brazos a mi cuerpo, de pie con las piernas juntas.

Esta vez comenzó pasando cuerdas alrededor de mi torso, haciéndome levantar los brazos, primero por encima de mis pectorales y después por debajo de ellos, gastando bastante tiempo a mi espalda, haciendo lo que yo imaginé como un grueso nudo, por el tacto de la cuerda. Las dos siguientes vueltas fueron exactamente iguales, pero no tuve que levantar los brazos; esta vez iban incluidos en las ataduras. De nuevo el mismo tacto de un enorme nudo que se apretaba en mi espalda, dejando mis bíceps bien atados a los lados de mi pecho, también apretado.

-          Las manos a la espalda, esclavo – dijo el Amo de nuevo.
Llevé mis manos a la espalda como pude, moviendo solo mis antebrazos, notando la cuerda rascar mis bíceps, y bajé la cabeza para encontrar con mis ojos la enorme erección que se levantaba entre mis piernas, bajo la tela blanca del suspensorio, intentando levantarla hacia el frente. Otra cuerda comenzó a rodear mis muñecas y esta vez no sentí el tacto del grueso nudo, pero noté que el Amo lo había hecho, pues mis manos quedaron completamente inmovilizadas, junto con el resto de mis brazos.
Rebuscó en los bolsillos de su abrigo para sacar dos enormes pinzas negras, que colocó en mis pezones, sacándome un buen grito con cada uno de ellas, pues eran algo que no esperaba: tenían una cabeza alargada, que conseguía cubrir no solo mis pezones si no toda la aureola con una sola pinza; las colocó a buena profundidad, estirando la piel de mis pectorales con una potencia de presión era bastante fuerte. El Amo jugó un poco con el flogger en mi abdomen, moviéndolo en círculos rápidos en el aire para dejarlo estrellarse contra él, por debajo de las cuerdas que ceñían mi pecho, antes de continuar con el montaje de esta sesión.
Mi sorpresa fue cuando para continuar la escena, el Amo me ordenó apartarme y él mismo colocó la mesa baja que está siempre delante del sofá en medio del salón y, probando un poco su fuerza primero, me dijo que me subiera a la misma de rodillas. Calculé mis movimientos cuidadosamente para no caerme de bruces, ya que no tenía los brazos libres para parar ningún golpe, y me subí a la mesa, con mis rodillas bastante separadas. En ese momento, el Amo empezó a pasar una cuerda por alrededor de uno de mis muslos. No supe muy bien lo que estaba haciendo hasta que la misma cuerda empezó a pasar alrededor de mi tobillo, obligándome a doblar mi rodilla casi al máximo. Cuando terminó, mi único apoyo eran las rodillas y mis pies colgaban en el aire sujetados por sendas cuerdas a la parte anterior de mis muslos.
Cuando el Amo empezó a pasar cuerdas por las argollas de mi techo, yo ya empezaba a emitir unos pequeños ruidos parecidos a gemidos, debido a mi incómoda posición, que ya iba siendo dolorosa. Esas cuerdas llegaron a unirse, supongo con nuevos nudos, a los nudos que ya rasgaban mi espalda, asegurando mis brazos y mis muñecas. Con un poco más de tensión en las cuerdas, el Amo consiguió estabilizar mi posición tirando de toda mi espalda hacia el techo, todavía dejándome apoyar mis rodillas en la mesa, que tuve que separar un poco más.
Creí que el Amo iba a por una de las mordazas para terminar con mis pequeños gemidos, pero no era eso lo que tenía en mente. Apareció con uno de mis plugs en la mano y mi polla contestó contenta dentro del suspensorio, mojándolo aún más, pensando que mi culo tendría un poco de fiesta. Sin embargo, el plug tenía destino mi boca y lo chupe con ganas, como si fuera una polla, durante unos segundos, hasta que el Amo lo encajó hasta el fondo, casi llegando a mi garganta. Yo lo apreté con mis labios para que mis ligeros movimientos de la garganta no lo hicieran deslizarse hacia afuera, pero el Amo ya había previsto eso, y pronto apareció con un trozo de cinta aislante que utilizó para pegar la base del plug a mis mejillas, haciendo casi imposible que saliera de allí.
Llegados a este punto, la escena se podía inmortalizar; el Amo sacó su móvil para tomar un par de fotos desde adelante y desde atrás, mientras yo intentaba mantenerme muy quieto, para evitar los dolores de mis extremidades, aunque el dolor más intenso era el de los pezones. Mi polla no dejaba de empujar mi suspensorio, completamente dura.
Era raro que no los usara, pensé mucho después, pero en ese momento ni se me había pasado por la cabeza. El Amo cogió uno de los tacos que yo mismo había construido con tanto esmero unos días antes y lo colocó en el centro de la mesa, justo debajo de mi paquete. Había medido la tensión de la cuerda del techo perfectamente, pues no tuve que ajustar la apertura de mis rodillas ni lo más mínimo. El Amo retiro la tela de mi suspensorio hacia un lado dejando mis pelotas al aire y las dos reposaron en la frío metal de la placa que recubría el taco por el lado superior.
Yo comencé a gritar, o a intentarlo, con el plug encajado en mi garganta y creo que las palabras exactas que quise decir fueron “por favor, no”, pero ya no tenía escapatoria de ningún tipo. Como era de esperar el Amo apareció con el panel del electrokit delante de mí y en solo unos segundos lo tenía conectado a la placa metálica del taco.
Solo con la primera descarga ya empecé a llorar, mientras intentaba seguir suplicando que parase, en un idioma de gruñidos ininteligible. Tuve que aguantar 4 descargas más y mi cuerpo no solo se mojó de lágrimas sino también de sudor. Como contrapunto, mi erección no disminuyó ni un centímetro en ningún momento, todavía debajo de la tela blanca mojada del suspensorio.
Antes de irse, el Amo me explicó lo que tenía que construir para la próxima sesión. Creo que lo entendí perfectamente. Espero comprobarlo.

2 comentarios:

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