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martes, 14 de febrero de 2017

Feliz San Valentín


Lo cierto es que una festividad de la que siempre me acuerdo, pero a la que nunca le he dado mayor importancia, y que he celebrado algunas veces con alguno de mis Amos, hace ya mucho tiempo, más por tener algo que celebrar, una excusa para hacer algo especial, que por el significado que se le da habitualmente.
Pero a mí todo lo que fomente el consumismo, me parece una idea estupenda, así que ya que no tenía con quién celebrar, salí a la calle a hacer algunas compras. Con la idea en la cabeza, como hacían en Sex and the City, aunque yo no soy de Nueva York, me moví por la calle contento, pensando que yo en realidad salía con la ciudad, y que era Madrid mí San Valentín de hoy. Por supuesto la tienda que más me llamó la atención fue una de ropa interior.

Unos bonitos suspensorios sería mi mejor regalo para el día, aunque quizás me merezca algo más… me fui también a mi sex shop habitual con una idea fija en la cabeza. Si hay algo que echo realmente de menos de Estados Unidos, es la facilidad que había allí para encontrar un chico de color, que suelen tener aunque suena a tópico, unas pollas que me gustan más que a un niño un caramelo. En pocos minutos encontré el dildo perfecto, del tipo realistic, de una polla negra de 23 centímetros.
Casi volví corriendo a casa, perdiendo toda mi ropa en medio del salón sin soltar las bolsas de las compras de mis manos. Corrí a la cocina para liberar los envoltorios con la ayuda de una tijera. No me hacían falta las instrucciones para saber cómo se utilizaba. Decidí no estrenar el nuevo suspensorio y quedarme con el que ya llevaba puesto, que sujetaba mi polla dura mientras lubricaba despacio todos los centímetros de mi nuevo juguete.
Sujeté la base contra el cojín del sofá con una mano, mientras con la otra buscaba mi ojete con la punta. Empecé a hacer sentadillas rápidamente, sin soltar la base, dejando que me entrara el dildo centímetro a centímetro, con cada bajada un poco más. Tardé solo unos segundos en tener los 23 dentro de mi culo y gemía mientras me follaba a mí mismo; mi polla dura humedecía mi ropa interior.
-          Me merezco correrme – llegué a pensar – Es mi regalo de San Valentín.
Pero me contuve apoyando mi mano libre en el sofá, agarrándolo con fuerza, para no llevarla a mi paquete y empezar a menear mi polla. Me seguí follando un rato más, sin reprimir mis gemidos, sintiendo mi culo bien lleno.
Antes de meterme debajo de la ducha fría, un vídeo con un genial chico de color, de Next Door Ebony. Sigo manteniendo mi promesa de no correrme.

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