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martes, 7 de febrero de 2017

Joven... ¿vainilla?


Le vi llegar entre la gente desde el medio de la calle y se me quedó la boca abierta, sin poder dejar de mirarle de abajo a arriba. Llevaba unas zapas de esas con una rejilla negra sobre un fondo blanco, por encima de las cuales se veían sus tobillos desnudos, antes de que empezara su pantalón negro, apretado a sus piernas extremadamente delgadas. No pude ver su paquete porque llevaba un abrigo tipo saco, bastante largo, que le cubría la entrepierna, en cuyos bolsos llevaba las manos metidas; asomando por el grueso cuello del mismo, su cara de piel morena y lisa, en la que se notaba que no crecía mucho vello, aunque había conseguido dejarse una pequeña perilla densa, de pelo muy negro. Un pequeño pendiente en forma de aro, de madera negro, en lóbulo de su oreja izquierda y un gorro de lana fina, de marca, también negro cubriendo su pelo que luego vería, muy recortado por los lados y un poco más largo por la parte superior, remataban su look de chico malo, junto con su forma de caminar. Esos hombres que parece que no apoyan todo el pie en el suelo, pero sí lo hacen, como si les molestara posar el talón en el suelo, que no merece ser pisado por ellos. 18 años recién cumplidos, como me dijo en nuestra conversación por whatsapp.

Quería que nos viéramos en la calle, supongo que por seguridad, esa que a mí no me importaba mucho en estos casos en los que mi edad y mi musculatura son evidentemente superiores a la del hombre al que me iba a someter. No hizo falta cruzar una larga conversación y quiso subir a mi casa en cuanto nos habíamos visto la cara. Yo no iba tan preparado como él, con solo un pantalón de chándal rojo, ligeramente ajustado a mis tobillos sobre unos suspensorios también rojos, y un buen abrigo encima de una camiseta cualquiera. Subimos las escaleras mientras los dos bajábamos las cremalleras de nuestros abrigos, que nos quitamos nada más entrar en casa.

En cuanto estuvo sin abrigo, separó el elástico de su pantalón de su cintura y dejó al descubierto su polla, que estaba ya camino de estar bien dura. Un auténtico monumento de 22 centímetros, como me había prometido, que ya se me antojaba delicioso, con el mismo vello que en su cara: ninguno. Me arrodille rápidamente delante de él sin dejar de mirar el precioso miembro, acercando poco a poco mi cara al mismo.

Saqué la lengua para empezar a lamer la punta antes de metérmela en la boca y el chico empezó a menearla de arriba abajo con su mano, haciendo que golpeara con ella el centro de mi lengua, que empezó a moverse en su busca, saliendo completamente de mi boca abierta. Tras varios golpes conseguí meterme el capullo en la boca y lo disfruté unos segundos, como si hiciera años que no chupaba una polla; pero me la saqué pronto para chuparla de lado, pasando mi lengua por ella, como pajeándola con mis labios, dejando que mi cara se apretara contra su pantalón. Sus manos movieron de nuevo el elástico de su pantalón para sacar dos buenas pelotas, que se quedaron apretadas por el elástico, debajo de la enorme polla, que era toda para mi boca.

Ya pude empezar a comérmela, metiéndomela hasta la mitad, sin prisa por chuparla entera, dejándola bien húmeda. Estaba realmente deliciosa, ya completamente dura, de piel lisa y tersa, y un glande gordo por el que pasaba mi lengua con lujuria. Subí mis ojos sin dejar de chupársela para encontrarme con los suyos. Se había quitado el gorro y miraba la mamada que le estaba haciendo con lujuria. De su boca se empezó a descolgar una mancha blanca, más grande que una gota, y su cabeza se movió ligeramente, sin dejar de mirarme, para que su lapo me cayera directamente encima de la cara, debajo de mi ojo, al lado de la nariz. Yo no paré de mirarle, aunque cerré ese ojo pensando que me caería dentro. En cuanto noté su saliva sobre mi cara, comencé a meterme su polla hasta el fondo de la garganta  y él me la sacó con velocidad, en medio de un gemido de placer, para frotar la punta por mi cara, buscando el lapo antes de volver a metérmela en la boca. Abrí bien la boca y saque de nuevo la lengua; los golpes de su polla en mi lengua empezaron de nuevo y otro lapo cayó de su boca hasta la mía, mientras nos mirábamos fijamente.

Después de unas cuantas chupadas hasta el fondo de mi garganta, arrancándole gemidos de placer, llego el momento de ir un poco más allá.

-          A ver tu culo – me dijo con deseo.

Mientras me ponía de pie, me bajé los pantalones, sin poder dejar de mirar cada uno de los 22 centímetros que me iban a entrar dentro. Sin hacerle caso a mi polla dura dentro de mis suspensorios, me incliné sobre el sofá separando las piernas y le ofrecí mi culo, doblando muy poco las rodillas, pues el chico era bastante alto.

La potencia con la que me entró por el culo me hizo gemir y gritar. Además de grande, la sabía usar perfectamente; y por sus gemidos, él también lo disfrutó mucho. Me folló con fuerza durante un bien rato, alternando rápidas enculadas con otras más lentas, en las que se aseguraba que me entraba hasta el fondo. Explotó sin previo aviso, sin parar de gemir, y sin parar de  meter y sacar su enorme rabo de dentro de mi culo, haciéndome emitir un grito sordo, casi continuado, hasta que su leche dejó de salir de su polla, entre estertores, que yo fomentaba apretando mi ojete todo lo que podía.

Se limpiaba unas pequeñas gotas de sudor, completamente vestido, sentado en el sofá de mi casa, mientras yo me volvía a subir el pantalón de chándal, todavía fatigado delante de él, cuando decidí preguntar.
-          Así que… ¿eres bi?
-          Me gusta como la chupáis los maricas – contestó, mirándome desafiante.
-          Y nuestro culo, ¿no? – añadí sin reparo.
-          El tuyo sí – contestó apartando la mirada.
La pequeña conversación siguió un par de minutos mientras se preparaba para salir de mi casa.
-          Tú lo que necesitas es un sumiso – le dije sujetando la puerta, mientras él salía.
No contestó, pero dejó su mirada fija en mí por unos segundos antes de darse la vuelta para bajar las escaleras, igual que había llegado, casi sin apoyar los talones en los escalones, como dando, saltos, separando las piernas… mi polla se puso dura de nuevo al ver la escena; o creo que no se me llegó a bajar desde que lo vi aparecer.

3 comentarios:

  1. Desde luego parece el prólogo de algo

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  2. Jeje uy uy a mí los bi o los heteros curiosos... hmm no sé yo. Siempre alegan lo de que le molan como la chupamos los gays! ainss, no sé yo... pero bueno, en cualquier caso sí tiene morbete :P

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