Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

sábado, 18 de febrero de 2017

Sal en la Vainilla


Me costó unos cuantos mensajes convencerlo para que me hiciera una nueva visita. Bueno, en realidad, él estaba deseando esa nueva visita y lo que me costó trabajo fue convencerle para que no fuera exactamente igual que la anterior. Sabía que le encantaba mi culo completamente depilado, y que era uno de los pocos culos de hombre que se había follado hasta ahora, y no pensaba decepcionarle en eso, pero yo necesitaba un poco más de marcha.
Habiéndome dejado claro que no quería saber nada de mi polla ni de mis huevos, y a ser posible, no quería ni verlos, revisé mi lista de prácticas experimentadas para ver lo que le podía proponer. Al menos, había entrado en la dinámica de considerarme un sumiso, que no estaba muy lejana a su consideración de ser simplemente dos agujeros suaves en los que meter su polla.

Llegó a mi casa, esta vez directamente, vestido de forma muy similar a la vez anterior, bajando de nuevo la cremallera de su largo abrigo mientras subía las escaleras, dejándome ver su paquete antes de entrar por la puerta. Aunque a mí lo que me ponía a mil era su forma de andar, que me hacía sentir tan poco hombre a su lado, sacando mi lado más perro y sumiso. Le seguí cruzando el salón embelesado con sus andares, mientras el tiraba su abrigo en el sofá y empezaba, también como la vez anterior a sacarse solamente la polla y los huevos por encima de la cintura de su pantalón.
Yo había decidido darle un toque de color a la cita esperándolo con solo unos suspensorios, que era compatible con la regla de que él no viera ni mi polla ni mis huevos. Elegí unos que fueran bien grandes y que no transparentaran si mi polla los humedecía, de un color oscuro, para que no marcar mucho paquete. Y también decidí en ese momento apretar al jovencito pollón que tenía delante de mí, con sus 22 centímetros de polla fuera del pantalón, un poco más.
-          ¿Por dónde quieres empezar? – Le dije mirándolo fijamente.
-          ¿Boca… o culo? – completé dándome la vuelta delante de él, mostrándole mis nalgas, cuyo depilado había repasado unas horas antes, para asegurarme que estaban completamente a su gusto.
-          Ufff… el culo directamente – contestó él, sin dudar, aunque con voz de sorpresa.
-          ¿Será que sus chicas no se dejan follar sin preliminares? – pensé mientras acomodaba las palmas de mis manos en el suelo, abriendo las piernas para ofrecerle mi culo en pompa.
No tuvo ni que menearse la polla una vez, pues la tenía ya completamente dura cuando empecé a darme la vuelta y en cuestión de segundos estaba listo para metérmela hasta al fondo, de un solo golpe, tras dejarla apoyada durante unos segundos en mi ojete, sintiendo la completa falta de vello a través del fino condón que se había colocado. Sus 22 placeres me entraron directamente hasta el fondo, despacio pero firmemente, haciéndome gemir de placer, mientras notaba como mis brazos y piernas flaqueaban de gusto. A él también le gusto, por su primer gemido.
La follada fue igual de buena o incluso mejor que la anterior. No sé si a sus novias se las follaba así, pero a mí me lo hacía de puta madre; aprovechando su enorme polla para darme un placer inmenso cada vez que me la sacaba y me la metía, sin quitarse casi su ropa y sin prácticamente tocar el resto de mi cuerpo. Yo me lo imaginaba como en una escena de una peli porno, poniendo cara de vicio mientras se mordía un labio, con las manos en su espalda, solo dirigiendo la follada de su polla por sus caderas, que no paraban de moverse ni un segundo. Los dos gemíamos con auténtico placer, aunque yo aguantaba hasta mi respiración cuando apretaba el culo, para que los suyos se hicieran más intensos, mientras yo me concentraba en sentir su larga polla entrando estrechamente mi esfínter.
Cuando intuía que iba a llegar a correrse, yo aflojaba completamente mi culo, y hasta llegué a dejarme caer de rodillas para que su polla saliese de dentro de mí. Después de tanta picaresca en nuestros mensajes, no quería que todo se quedase en una simple follada, por el morbo de poder empezar una cita metiéndomela por el culo directamente. Me arrodillé delante de él, que no sabía muy bien qué hacer y tomé sus duras pelotas con una de mis manos mientras le quitaba el condón con la otra.
Decidí darle una buena lamida de pelotas y él se dejó hacer sin parar de menear su polla y darme golpes con ella en la cara. Los golpes de su rabo empezaron a caerme en la frente cuando abrí del todo mi boca para meterme sus dos pelotas dentro a la vez y darles una lamida de campeonato, dejándolas bien húmedas. Me extrañaba que en este rato, no me hubiera caído ningún lapo como los que me había dado en la primera sesión, y por eso me di cuenta que esta vez no le estaba mirando a los ojos.
Me saqué sus huevos de la boca para empezar a mirarle fijamente a los ojos mientras me levantaba ligeramente para quedarme en cuclillas, y su reacción no tardó. El lapo que tanto esperaba comenzó a descolgarse de sus labios cerrados haciéndome abrir la boca, pero su objetivo era la punta de su polla, con la que empezó a golpearme en la lengua, en cuanto sintió su lapo en ella. A los pocos segundos yo se la estaba chupando con ansias y sujetaba mis manos a sus muñecas. El plan era que se dejara llevar las manos a la parte de atrás de mi cabeza y lo conseguí. Tras unos buenos minutos de mamada era él quien se follaba mi boca, y disfrutaba tirándome del pelo para decidir cuánto se hundía su rabo en mi garganta, gimiendo cuándo me obligaba a tener sus 22 centímetros metidos hasta el fondo, sintiendo las contracciones de la misma cuanto intentaba aguantar las arcadas.
Los lapos no paraban de salir de su boca, a veces dejándolos caer suavemente de sus labios, y otras, echándolos con fuerza, haciendo ruido desde su boca, haciendo que se esparcieran por toda mi cara, sobretodo cuando me sacaba unos segundos su polla al completo de la boca, para darme golpes con ella, mientras yo intentaba volver a coger su capullo entre mis labios, o conseguir recibir esos lapos directamente en mi boca abierta, sin dejar de mirarle fijamente. La excitación del momento y la vista de que sus golpes de polla no hacían en mí más que querer más polla, le hizo soltar sus miedos y empezar a pasear sus manos por mi cara. A veces me sujetaba la mandíbula inferior antes de meter la polla hasta el fondo. Otras me soltaba un buen bofetón cuando yo perseguía su polla sacando mi lengua de la boca y hasta llegó a taparme la nariz cuando me estaba ahogando con su enorme verga hundida hasta el fondo en mi garganta, riéndose mientras mis ojos se cerraban llenos de lagrimas por evitar las arcadas.
Su corrida fue impresionante y me la soltó directamente al cuello, empezando a gotear pronto hacia mi pecho, mientras él se deshacía en gemidos meneando su polla con una mano mientras la otra subía hacia su cabeza, quizás por liberar más energía en su orgasmo. Cuando la dejó caer, fue con fuerza y directamente hacia mi cara, soltándome un enorme bofetón que me torció la cara, mientras su leche seguía cayendo por encima de mí. Solo me salió una palabra cuando terminó de correrse.
-          ¡Gracias!

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