Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

domingo, 26 de marzo de 2017

Combinaciones (II)


Sigo con la polla dura escribiendo la sesión de ayer, revisando mis estadísticas: 82 días sin correrme. Ni de lejos es mi máximo, pero creo que nunca he estado tan salido.
El golpe en mi polla me había traído de vuelta a la realidad, habiendo ya reconocido mi complicada posición y más excitado que nunca, plenamente consciente de que estaba al 100% disponible para el Amo, sin posibilidad de que pudiera escaparme de cualquier cosa que me quisiera hacer. Su paquete me tranquilizó ligeramente, lo liberó de sus slips y vi su gorda polla, tan dura como notaba la mía entre mis piernas, casi ocultando sus generosas pelotas. Mi boca babeó por tenerla dentro y creo que también noté mi ojete palpitar.
-          ¿La probaré hoy? – Pensé, de nuevo envuelto en las ensoñaciones que ese día me inundaban sobre manera, quizás todavía efecto de los antibióticos, que terminé de tomar esa misma mañana.
Pero sabía que antes de eso, tendría que sufrir para el Amo. Noté como mi cuerpo estaba listo para eso; sin importar la cantidad ni la forma del dolor que el Amo decidiera. Él me miraba desde lejos, desafiante, directamente a los ojos. Le mantuve la mirada, quería hacerle saber que estaba dispuesto.

-          Hoy no me ha sacado foto, ¿o sí? – se preguntó mi cabeza, sobre todo porque eso solía significar que las ataduras habían acabado.
-          Listo, ¿esclavo? – la voz del Amo me traía de vuelta de mis pensamientos.
-          Sí, Amo – contesté casi de forma automática.
-          ¿qué quieres, esclavo? – me preguntaba desafiante.
-          Complacerle, Amo – contesté con voz firme, aunque dubitativo sobre cuál sería la respuesta correcta.
-          Te va a doler… - empezó a decir.
-          Gracias, Amo – contesté, esta vez, completamente seguro.
Y eso, que todavía no sabía cuánto me dolería… el Amo volvió a sus movimientos habituales, buscando lo que necesitaba por la sala. Lo peor de mi postura era que no podía seguir completamente con mis ojos la polla dura del Amo, completamente liberada esta vez.
Mis pelotas fueron las primeras en sufrir. El Amo tuvo que estirarlas bien, separándolas de mi polla, pues estaban completamente hinchadas, antes de empezar a pasar una cuerda que las empezó a rodear, dejándolas bien apretadas. Unos pequeños tirones del Amo me recordaban que estaban allí, y que dolían. Pronto los tirones se convirtieron en un peso constante. Intenté mirar hacia ellas pero no podía. Sabía que algo pesado colgaba de mis pelotas y tenía que sostenerlo solo con ellas, no podía permitirme separar más las piernas. Mi abdomen se tensaba para aguantar, pero el peso iba y venía.
-          ¿Qué era lo que me estaba colgando de los huevos? – pensaba cerrando los ojos - ¿Lo está levantando y dejando caer?
Sin que el peso dejase de estirar mis huevos, los sentí aliviados. Creí que me los estaba acariciando con sus frías manos. Pero ahora el Amo empujaba mi polla hacia mis huevos. No, no eran las manos del Amo, pero tiraban de mi polla dura hacia abajo.
-          ¿Me estaba colgando algo de la polla? – empecé a pensar cuando un gemido salió de mi boca casi sin darme cuenta.
El gemido era de dolor y de anticipación: lo había entendido. ¿Cómo me había costado tanto?. Después de tanto construir para este Amo, ¿Qué otra cosa podría estar utilizando?. Lo visualicé claramente en mi cabeza, con los ojos cerrados al sentir el frío apoderarse de mi polla, casi rodeándola, apretándola, antes de tirar de ella hacia abajo. Intenté levantar el peso empujando mi polla hacia arriba por mi erección, pero no pude. Dolía demasiado.
Yo gemía continuamente. El Amo estaba en completo silencio, espero que disfrutando del final de sus preparativos. Si no me equivocaba, estaba a punto de caerme la primera descarga. Y así fue. Grité sin cortarme cuando noté la descarga cruzar mis pelotas, probablemente durante menos de un segundo, que a mí me pareció más de un minuto. Lo único que podía hacer para liberar mi dolor era apretar mi abdomen, mis dientes o agitar mi cuerpo adelante y atrás. En menos de otro segundo descubrí que esa opción era la peor, pues la acompañaba más dolor en mis pelotas y mi polla, que empezaba a dejar de estar dura, por imposibilidad física, más que por falta de excitación. Noté el frío apretarla más, antes de sentir la segunda descarga.
Era diferente a las descargas que llegaban de dentro de la polla cuando me ponían una sonda, pero no por eso menos dolorosa. La descarga rodeaba mi polla, llegaba desde fuera pero hacía que me doliera desde dentro. Mi grito llenó la sala, incluso después de que parara la descarga, que esta vez estoy seguro de que duró más de un segundo. Jadeaba en medio del grito cuando llegó la siguiente descarga que realmente creí que me haría explotar. Era como no sentir mis pelotas ni mi polla, solo una esfera de dolor que empezaba en algún lugar entre mis piernas y crecía desde el centro hacia mi abdomen, llegando a rozar mis piernas, pero sobretodo produciendo un dolor explosivo en una zona fuera de mi cuerpo, pues casi no sentía no la sentía perteneciente a mí; solo dolor, creciendo. Grité intentando quitar de mi mente esa bola roja de dolor que no paraba de visualizar en mi cabeza. Sabiendo que sería peor, me moví, ahora lo siento mucho, pero gritar no servía de nada y dejé mi cuerpo agitarse, como intentando empujar la esfera de dolor hacia adelante y atrás para liberarse de ella. Mis piernas flaquearon y me dejé caer, noté la presión en mi cuello e intenté meter aire en medio de mi gritó. Creí que sonaba como un animal torturado.
-          ¿Acaso soy otra cosa? – pensé sin dejar de gritar.
 Mi mente me decía que eso era lo que me merecía mientras mi cuerpo no quería más dolor y se agitaba sin parar, intentando liberarse. Me faltaba el aire y tenía que controlar mi cuerpo para tomar un poco más, pero no podía dejar de gritar. La bola de dolor se rasgó entre mis piernas y abrí los ojos con un grito seco. Me quedé quieto levantando mi cuello y jadeé. No entendía que había pasado pero el dolor había bajado de tono.
El Amo soltaba el collar de mi cuello y casi me caigo de bruces pero mi cabeza se hundió en su peludo pecho. Respiré aliviado notando su olor. Pronto me había liberado las piernas sin dejarme caer mientras yo seguía jadeando. Me intenté mantener de pie, pero caí de rodillas. El Amo se arrodilló conmigo en el suelo, su polla estaba todavía dura; la mía no, y un taco de madera seguía atado fuertemente a mis pelotas apretadas, pero no notaba el dolor en ellas.
-          Gracias, Amo – llegué a decir, todavía sin saber cómo había terminado la última descarga que me había dado.
Él no dijo ni una palabra. No parecía decepcionado pero sí cabizbajo. El otro taco de madera, el que tenía una presilla, había estado presionando mi polla justo en el medio hasta que por culpa de mis estertores se había soltado, cayendo al suelo. Yo ni siquiera lo había oído y en ese momento hasta me pareció una liberación. La placa metálica había hecho un pequeño corte en mi polla, más una magulladura que había liberado un poco de sangre.
Nunca me ha dado miedo la sangre, aunque espero que no se produzca cuando me castigan, pero en ese momento me asusté al verla. Hoy ya, tras varias duchas sabiendo lo que escuece la herida, sé que no tiene importancia, que curará y que no me quedará ninguna marca.
Voy a mandarle un mensaje al Amo para agradecerle de nuevo la sesión de ayer. Ha sido mi culpa por dejar que mi cuerpo se moviera tanto, si hubiera aguantado las descargas como debía, eso no habría pasado. Le debo una disculpa, un agradecimiento y deseo que me vuelva a usar a su placer. Espero hacerlo mejor la próxima vez, si tengo ese privilegio.  Ahora entiendo por qué no me dejó disfrutar de su polla.

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