Imprescindibles

No se pierda... Mi última corrida Hice un buen servicio con...

viernes, 10 de marzo de 2017

Vainilla adulterada


Nuestras conversaciones siguieron unas cuantas veces y yo siempre acababa completamente cachondo; creo que él también. Esta vez sí que pudo escaparse de sus quehaceres para hacerme una visita y le esperé en suspensorios negros, aún sin tener claro a cual, o cuales, de todos mis ofrecimientos, accedería a probar ese día.
Le dejé la puerta abierta y le esperé en el sofá; él entró cerrándola de tras de sí, ya con su abrigo abierto, con sus andares de macho. Nada más verlo me puse de rodillas delante de él y como siempre le costó muy poco sacarse su enorme polla por encima de la cintura del pantalón. No me resistí a llevármela a la boca, sin tocarla con las manos, solo usando mis labios y mi lengua, como a él le gustaba. Un pequeño lapo me cayó mientras se la chupaba con tranquilidad, mirándole a los ojos. Pero la mamada se acabó pronto.
-          Quiero culearte lo primero.


Me saqué su polla de la boca pero me quedé de rodillas y me limpié las comisuras de los labios antes de preguntar.
-          Y… ¿Qué postura quieres?
Pareció algo tímido a la hora de explicármela pero lo tenía claro; era algo de lo que habíamos hablado. A mí ya me habían follado en esa postura, pero no la había puesto como algo planeado, así que me quedé pensando un segundo como empezarla mientras él se quitaba los pantalones y los calzoncillos, dejando al aire sus huevazos, que me gustaban casi tanto como su enorme polla, de una forma hipnótica.
Me tumbé en el suelo, pegando mi coronilla a la base del sofá y estiré mis piernas por completó. Tuve que hacer bastante fuerza con las piernas para subirlas y también apoyar mis manos en el suelo para subir el resto de mi cuerpo, casi intentando hacer el pino. Por suerte, él me ayudo empujando mis piernas hacia el sofá y solo necesité un par de segundos más para acomodar mi cabeza, dejar mi torso lo más recto posible y mis rodillas en el borde el sofá, abriendo las piernas. A él no pareció importarle si era una postura cómoda o no, enseguida la punta de su polla estaba en mi ojete, en cuanto se quedó al descubierto. Aún así, tampoco fue tan fácil para él como esperaba y tuvo que re-acomodar sus piernas varias veces hasta que consiguió meterme la punta, sacándome un pequeño gemido.
De nuevo la tuvo que volver a sacar para poder re-acomodarse en una posición que le permitiera follarme de manera más profunda. Aprovechó para dejar caer su mano con furia sobre mis nalgas. Un par de azotes no me venían mal para calentar mi culo y no pude evitar pedírselo.
-          Deme por el culo, por favor.
Sabía que para él eso no era follar, era dar por el culo, que era diferente y no tenía intención de discutírselo, siempre que el culo fuera el mío. Pedírselo me costó unos cuantos azotes más mientras seguía buscando la postura adecuada, y me dio ideas para la próxima vez, si es que la había. Por fin encontró la forma de poder metérmela hasta el fondo, creo que abriéndose de piernas y dejando una a cada lado de mis rodillas.
Al principio, solo me la sacaba un poco en cada acometida, supongo que mientras se hacía a su nueva postura inesperada para él, pero enseguida pudo darme embestidas enteras y hasta llegaba a sacarme la polla por completo, con un quejido por mi parte, antes de metérmela de nuevo hasta el fondo. Yo no me corté, a riesgo de que mi voz no femenina no le convenciese.
-          ¡Más! – pedí casi a gritos.
Mi voz parecía ponerle más bruto y la siguiente embestida era aún más fuerte, así que seguí pidiendo “más” cada vez que la sacaba de mi culo, aunque fuera por un segundo solo. Pero no le ponía solamente cachondo, sino también de mala hostia y en una de estas no me la volvió a meter.
-          ¿Todavía pides más, puta? – preguntó con tono de enfado.
-          Sí, Señor – contesté
Nada más acabar, me cayó una patada, de lado como a un balón de fútbol, en medio de la espalda.
-          ¿Quieres más, puta? – volvió a preguntar.
-          Sí, Señor – contesté de nuevo entre gemidos.
La segunda patada fue más fuerte y la siguió como un rebote de su pie con una tercera patada más suave. La estabilidad de mi postura estaba en juego, así que decidí ladearme y buscar la forma de ponerme de rodillas, mientras él volvía a preguntar.
-          ¿Qué más quieres, puta?
-          Lo que usted mande, Señor – contesté mientras me revolvía por el suelo con mi plan de volver a tener las rodillas en el suelo.
Esta nueva patada me cayó en uno de los costados y con un pequeño grito continué mi movimiento. Todavía había visto su polla enormemente dura y quería más.
-          ¡Quiero rabo, Señor! – me apuré a pedir antes de que volviera a preguntarme.
En cuanto estuve de rodillas y levanté mi cabeza hacia él me cayó un buen lapo en la cara y empecé a darle las gracias por él, pero no me dio tiempo porque me cruzó la cara de lado a lado con su mano derecha.
-          Gracias, Señor – ahora si pude decir, después de la ostia.
Y de nuevo casi no terminé porque me agarró por el pelo y se llevó mi cabeza hacia su pollón.
-          Toma nabo, puta – me dijo cuando ya me la había metido en la boca.
Me folló la boca como el culo, hasta el fondo, sin darme tregua, metiéndome sus 22 centímetros sin dudar, sin preocuparse por mi garganta, dejándose gemir por el placer de mi apretado paladar. Cuando podía abrir los ojos le miraba y le veía mirando al techo, gimiendo. No me soltó el pelo en ningún momento y dirigió la follada de boca con fuerza. Cuando por fin me la sacó de nuevo me cruzó la cara con una ostia justo antes de que su leche me empezara a caer por encima. No me pude resistir y abrí mi bocaza delante de su lluvia, solo conseguí que un pequeño chorro me cayera dentro, pero me dejo chupársela un poco cuando ya había acabado.
-          Sí, puta – me dijo sin querer sacarla de mi húmeda boca.

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