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domingo, 23 de abril de 2017

Al fin llegamos

El viaje a USA ha sido completamente agotador, pese a ir con Ronnie. Demasiadas horas de vuelo y demasiadas horas esperando en los aeropuertos, cachondo como la perra que soy. No sé porque siempre me he puesto muy cachondo en los aviones.


En este caso fue obviamente por los ojitos que no paraba de hacernos, no tengo claro si a Ronnie, a mi o a los dos uno de los azafatos, que se paseo más veces de las que debería por nuestros asientos en salida de emergencia, pese a que no parecía que esa fuera su zona a la hora de servir la comida y los refrescos. Entre sus miradas y los uniformes que les ponen, que juraría que cada vez son más apretados, mi calentura subió rápidamente. Pese a que los opciones era realmente baja, le terminé pasando una nota con mi número de teléfono y los días que esperaba pasar en NYC, inicialmente. No hizo uso de él, supongo que lo que quería era solo calentarnos, que yo no era el objetivo de sus miradas o que simplemente, malinterpreté su amabilidad y preocupación por los pasajeros. No estoy acostumbrado a que se preocupen tanto por mí.

Pero por fin llegamos. Alquilamos un coche para salir del aeropuerto y llegar al apartamento donde encontramos a Nico revolviéndose de picores más que de otra cosa, con una pierna completamente escayolada, incluida la rodilla. Le ayudamos con las cosas básicas y nos disponíamos a irnos a dormir un rato en una cama de verdad, no sin antes hacerle la típica broma, que todavía no se había ido de mi cabeza.

-          ¿Cómo demonios te has roto la pierna así?
-          ¡Soy militar! – contestó él, con cierto orgullo
-          Eres cocinero en el ejército…


Los tres nos reímos. Tendríamos tiempo para que nos diera la historia completa. Me metí bajo la ducha con el mando completamente abierto al lado del agua fría y me fui a dormir.

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