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jueves, 22 de junio de 2017

Casi Celebrando

La verdad es que mi sensación era casi de celebración, antes y después.

Estaba demasiado contento por volver a mi vida tranquila de esclavo en Madrid, aunque sin Amo por el momento. Cuando estoy de viaje, sobre todo por negocios, es como si mi vida de esclavo entrara en un paréntesis, y esa sensación no me gusta mucho. Por eso, estaba demasiado contento y, lo bien que he llevado, quizás por el estrés del trabajo, mi abstinencia estas últimas semanas, se me había olvidado. Recién entraba en casa del gimnasio, quitándome la ropa limpia, pues me había duchado en el gym, aunque demasiado rápido, debido a que la erección ya se abría camino entre mis piernas, cuando un chico con un cuerpo bastante cuidado empezó a ducharse también a mi lado. Mis suspensorios caían también de mi cintura segundos más tarde, uniéndose al resto de la ropa, en el suelo del salón, liberando mi polla completamente dura mientras me dirigía al baño, a abrir la ducha de agua fría, con el aire acondicionado ya a tope.

- ¿Por qué no me voy de Madrid también este verano? - me preguntaba a mí mismo, casi en voz alta, mientras intentaba no hacerle caso a mi polla, completamente dura, señalando mi dirección hacia el baño, tropezando en la mampara mientras la abría.

Al salir de la ducha, el calentón seguía dentro mí. Mi piel estaba fresca, mi polla estaba flácida, pero mi cuerpo ardía por dentro.

 Estos ardores me acabarán volviendo loco – Me dije.

En este caso me llevaron a hacer una instalación de emergencia. La app se borró con la misma velocidad con la que la instalé cuando el chico salía por la puerta de mi piso. Según la misma, estaba a unos 45 metros, y según lo que él tardó en llegar a casa, también. Pareció medio atraído por mi clara intención de ser sumiso y le pasé mi dirección.

Entró por la puerta un chico claramente sudamericano, bajito pero de cuerpo que parecía cuidado. Le ofrecí una bebida y la aceptó. Parecía demasiado parado para mi gusto.

-¿Qué parte de “yo voy a hacer lo que tú mandes” no has entendido? – pensé mientras mi boca decía otra cosa – Tengo demasiado calor.

Me quité la ropa, que me había puesto casi por inercia, segundos después de cerrar su visita, y me quedé de nuevo en suspensorios. Delante de él, parado, ya me lancé.

 ¿Y bien?
¿Te gusta dar masajes? – me preguntó
-          Me encanta – contesté con una sonrisa fingida, pues esperaba más una orden que una pregunta.

Le dirigí a mi habitación y le pedí que se pusiera cómodo mientras traía un bote de crema del cuarto de baño para el masaje. El chico se había tumbado boca abajo en mi cama, con unos gayumbos horrorosos, estilo bóxer. Cuando apoyé mis rodillas sobre el colchón, su cabeza se giró levemente:

-  ¿Así estoy bien? ¿O me quito esto también? – me preguntó, de nuevo, señalando sus calzoncillos.
- Mejor si te los quitas – contesté rápidamente, con una sensación de que algo estaba al revés en esa relación.

Le di un masaje bastante completo, empezando por el cuello y bajando lentamente por su espalda. Él se dejó hacer y sus pocos gemidos, parecían de placer.

- No he perdido mi mano con la espalda – pensé haciendo cuentas del tiempo que hacía que no me tocaba hacer un masaje. Había aprendido en unos cursos muy interesantes, cuando estaba ya aquí, en Madrid.

Llegué a sus glúteos y él siguió inmóvil sin ningún atisbo de moverse. Tuvieron que ser mis manos las que intentaron colarse entre sus piernas, intentando llegar a sus pelotas, las que le incitaron a darse la vuelta dejándome ver una buena polla, ya en completa erección. Le miré fugazmente a los ojos antes de olvidarme de que mi manos estaban manchadas por la crema y, apoyándolas en la fina sábana de mi cama, dejé que mi boca se acercarse a su polla. Me la metí del tirón hasta el fondo, ante el asombro del chico y su gran gemido de placer.

De nuevo, tuve que ser yo el que llevó toda la iniciativa durante la mamada, aunque la verdad es que no me importó mucho. Me dediqué a comerla la polla, de bastante buen tamaño, que casi no lubricaba, haciendo que me entrara hasta la garganta, que la notara joderme allí, haciendo que mi campanilla se levantase y autofollándomela con ella. Yo mismo me producía la arcada con su nabo. También me autocastigaba a mí mismo, no me dejaba recuperar mucho el aliento, sacaba su polla de mi boca, dejando que mi espesa saliva cayera sobre su polla, sin sacármela del todo de la boca antes de volver a hundirla hasta el fondo. Él no hizo ningún gesto de follarme la boca al ritmo que a él más le gustara, quizás porque el que yo marcaba era el adecuado. Le miré unas cuantas veces directamente a los ojos mientras descansaba fugazmente, paseando mi lengua por su capullo, todavía dentro de mi boca, entre follada y follada de garganta.

Sí que fue él quien tomo la iniciativa, haciéndome sacar su polla de mi boca, en un momento determinado, para decirme que me quería follar. No tardé nada en tener preparado para él un condón y un bote de lubricante mientras le preguntaba.

- ¿En qué postura quieres?

La postura me sorprendió ligeramente, pero le dejé ir adelante. Me tumbé de lado en la cama, flexionando mis piernas hacia mi vientre y tardé poco en notar la punta de su polla entrando por mi culo, que llevaba tiempo sin mucha fiesta. Un pequeño quejido se escapó de mi boca y él se asustó ligeramente, sin motivo.

- Métetela tú, a tu ritmo – me dijo.

La verdad es que me causó algo de desesperación esa situación, de tener que ser yo quien marque también el ritmo de la follada, no por el hecho del esfuerzo que eso significa, sino por el hecho, de nuevo, de hacer algo sin estar seguro de que sería lo que más iba a satisfacer a ese chico tan indeciso que se había colado en mi casa, debido a mi calentón del momento. En medio de estos pensamientos no dudé lo que tenía que hacer; balanceé mi cadera hacia atrás y me metí su polla hasta el fondo, acompañada del gemido pertinente.

- Joder, ¡te la has metido entera! – dijo el chico, entre el asombro y el susto por mi gemido.
- Fóllame – le pedí amablemente.

Fue una follada bastante buena, puestos ya en esa situación. El no tuvo ningún miedo más al darme unas buenas embestidas, que aguantó a ritmo, pese a mis gemidos, ya de placer más que de dolor. Cambiamos de postura unas cuantas veces, a petición suya, yo intentando que no se me saliera del ojete ni un solo segundo. Estaba ávido de que me follaran el culo, lo necesitaba. Mis suspensorios estaban cada vez más húmedos y el chico continuaba con sus embestidas; por suerte era un suspensorio bastante apretado y mi polla se movía poco dentro de él, completamente dura.

- Córrete cuando quieras – Me dijo, tentando a mi regla. Me estaba dando permiso…
- Tu primero – conseguí contestar entre gemidos.
- A mí aún me queda – me contestó.
- Pues sigue follándome.

Esto nos llevó a otro cambio de postura más, en el que el chico me sacó la polla del culo y yo terminé a 4 patas encima de la cama. Su rabo tardó poco en volver a entrarme por el culo, al mismo ritmo de siempre. Pese a que llevaba ya más de 10 minutos follándome, su polla no había perdido ni un centímetro de dureza y su ritmo no cambiaba. “Y todavía le quedaba” pensé. Sus manos llegaron a mi entrepierna y se dio cuenta de que yo ni me la había tocado. Le dejé tocármela por encima de la tela de mis suspensorios sin decirle nada y, justo cuando iba a pararle, su mano se retiró. No necesité explicarle que no me iba a correr.

Siguió follándome durante un buen rato más. Yo no paré de gemir. Por fin él la sacó y se corrió sobre mi espalda, tras quitarse rápidamente el condón. Me quedé inmóvil. Hacía un par de minutos que había dejado mi cara caer sobre la almohada y me dedicaba a morderla y babearla antes sus embestidas, dejando mis manos muertas a mis lados, con la esperanza de que él las tomara y las atara de alguna forma a mi espalda.


La despedida no fue muy seria, ni muy dramática. Ninguno intentó tener una excusa para otro contacto posterior. Cerré la puerta tras él con mi polla todavía dura dentro de mi suspensorio mojado. Me lo quité de nuevo, en medio del salón, y volví a la ducha, chocando con mi glande contra la mampara, otra vez.

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