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jueves, 29 de junio de 2017

Grupo Orgulloso (I)

“Es una maravilla como se animan los chicos con esto de las fiestas del orgullo” pensaba mientras preparaba la casa para la visita improvisada que acaba de concertar, casi por sorpresa.

Un saludo por la calle, una sonrisa como respuesta, unos amigos que se unen a una conversación absurda, un teléfono que se anota y un mensaje claro: “soy esclavo”. Recibieron  la noticia entre risas, más que entre sorpresas. Unos minutos más tarde uno de ellos me escribía con una propuesta clara. El chico que me había parado tendría como mucho 22 años. Imberbe, medio rubio, de complexión delgada. Encantador. “Probablemente demasiado encantador para ser un Amo” – pensé en aquel momento. Los amigos que rápidamente se había unido a la conversación, tendrían más o menos la misma edad. Todos bastante guapos, preparados para una buen fiesta, aunque para esas horas de la tarde, ya llevaban más cervezas encima de la cuenta, como se notaba en el olor de sus alientos, cuando se presentaron todos, plantándome dos besos, mientras yo permanecía casi inmóvil.

A él y a sus amigos les iba el spank. “Perfecto” – pensé en ese momento con la polla dura dentro del suspensorio, en el medio de mi salón, recién salido de la ducha después de la sesión extenuante de gym a la que me dirigía cuando me interceptaron en medio de la calle.

-          A uno de los que va no lo has visto antes – Me escribía el interlocutor del grupo de 3 que estaba dispuesto a venir a casa.
-          No importa – contesté sin dudar.

Una silla en medio del salón, el sofá también disponible. La pala, la fusta, un cinturón de cuero, el látigo, dos varas de madera. Todo listo para lo que les apeteciera. Abría la puerta con mi habitual actitud sumisa y ellos entraron con la misma alegría con la que me habían parado en medio de la calle, liderados por el chico con el que había hablado por teléfono, seguido por otro de los chicos de su edad con los que había hablado antes y otro más, un par de años mayor que ellos, quizás solo por la apariencia que le daba una espesa barba. Los 3 me plantaron de nuevo dos besos, a los que respondí, con el mismo estupor que la primera vez y me presentaron al chico nuevo de la barba.

-          Tendrás unas cervecitas para animarnos… – empezó a preguntar el líder del grupo - …más – terminó de decir comprobando que toda la ropa que yo llevaba enciam era un suspensorio.

Me fui a la cocina despacio, sin decir nada, asegurándome de que los 3 podían ver mi culo alejarse, pero me detuve, inundado por la alegría que contagiaban los 2 primeros chicos, el tercero era más callado, para indicarles el arsenal disponible encima de la mesa. Abrieron las cervezas de pie, delante de la mesa, sin saber muy bien que decir, hasta que el líder empujó a uno de ellos.

-          El que sabes de esto eres tú – dijo incitando al chico de la barba espesa a tomar la iniciativa.

Su lata de cerveza se posó encima de la mesa y fue sustituida en su mano por una de las varas. La agitó en el aire para escuchar el sonido que hacía; una sonrisa se dibujo en su cara. Indicó al resto de los chicos lo que debían coger y empezó a mirar alrededor para encontrarse con la silla en medio del salón. La indicó con cara de pregunta.

-          Usted dirá – contesté con algo de arrogancia, esperando que su lado más dominante saliera a relucir.

Volvió a señalar la silla, casi con el mismo gesto, aunque esta vez, no se veía duda en la indicación. Me acerqué a la silla, haciéndome el tonto, como buscando cual debería ser la posición correcta pero no recibí ninguna indicación adicional, así que dejé de hacer el tonto y apoyando mis manos, con los brazos extendidos sobre el respaldo de la silla, puse mi culo en pompa y abrí las piernas hasta una posición cómoda para lo que me esperaba.

Antes de recibir ni un solo golpe, creo que las 6 manos se pasearon por mis dos nalgas; un par de ellas se desplazaron pronto por mi espalda, buscando un sitio cómodo desde el que seguir y terminaron sujetándome los hombros, casi intentando hacer un masaje en ellos, apretando mi musculatura con fuertes movimientos. Las manos que quedaban sobre mi culo dejaron de sobar y empezaron a agarrar. Poco a poco, se soltaban de mis nalgas para elevarse y dejarse caer de nuevo; segundos después, mis dos glúteos ya estaban tomando un pequeño rubor ante una descarga continua de sus manos, alternándose, cada una en uno de ellos, cada vez a un ritmo más rápido, dejando sonoras palmadas en la habitación, que ya llevaba demasiado tiempo en silencio.

Las manos que me sujetaban los hombros innecesariamente seguían apretándome fuerte cuando las otras dejaron de golpear mi culo. Una de ellas desapareció por completo mientras la otra se convirtió en un único dedo que se deslizaba entre mis nalga a la búsqueda de mi ojete. Lo encontró y lo probó. Un pequeño suspiro de placer se oyó cuando la punta del dedo intentó meterse de golpe, comprobando que mi culito estaba estrecho y no iba a ser tan fácil como parecía.

La mano desaparecida volvió, por mi lado izquierdo convertida en la pala de cuero. El primer golpe fue muy sonoro, alcanzando mis dos nalga a la vez, casi también el dedo cuya punta salía de mi ojete medio segundo antes. No tuve que acomodarme. Mis piernas bloqueadas por las rodillas no flaquearon. Cerré los ojos y apreté los labios. El siguiente golpe llegó desde el mismo lado, menos sonoro, más fuerte. “3, 4, 5…” iba pensando sin moverme en la oscuridad y en el silencio de mi salón, pese a estar lleno de 3 personas y un perro. No perdí la cuenta, iban 18 azotes cuando empezaron a llegar, también por la pala desde el lado opuesto de mi culo. Por la forma de golpearme, supuse que era el otro chico, el líder del grupo el que golpeaba ahora. Comencé la cuenta de nuevo, esta vez más espaciados. Llegué hasta 23.

El descanso lo iniciaba de nuevo el dedo juguetón intentado meterse en mi ojete, con menos resistencia de mi musculatura esta vez, supongo que debido a los azotes. Llegó mucho más adentro y mis labios se separaron. Suspiré. Los brazos que me agarraban los hombros desaparecieron pero no me moví ni lo más mínimo. Esquivando el dedo que empezaba a follar mi culo, que salió rápidamente para volver a entrar hasta la misma profundidad de golpe, incluso un poco más, otras manos se lanzaron al elástico de mi suspensorio. Levanté mis pies alternativamente para dejar que salieran y esas mismas manos se fueron a la búsqueda de mi polla, encontrándola perfectamente dura. Unas risitas se oyeron cuando la mano se retiró. Delante de mí apareció una bragueta, subida al asiento de la silla. El pantalón vaquero se abrió y apareció delante de mí una polla, no del todo en erección. Tras un par de golpes en mi cara, conseguí rodearla con mis labios. Empezaba a disfrutar de ese glande cuando el primer golpe de vara se estrelló contra mi culo, un poco bajo, casi en la parte trasera de mis muslos. Abrí la boca con cuidado, conteniendo mi quejido, y aproveché la ocasión para meterme la polla morcillona hasta el fondo. Intentando centrarme en todo, empecé a contar sin dejar de mamar.

-          16, 17, 18… - seguía contando mientras mamaba la polla, que ya estaba completamente dura, cuando ésta desapareció de mi boca.
-          19, 20… - ya con la boca vacía, dejando que mis gemidos se oyeran, seguí recibiendo, con mis piernas bloqueadas, los golpes irregulares de vara.

El culo me ardía y los golpes seguían cayendo. Un tacto tibio en la parte superior de mi culo acompañó la polla que reapareció directa al fondo de mi garganta. 24, 25…

No sé en qué momento los varazos cambiaron de lado, pero estaban barriendo mi culo completamente de lado a lado. Ahora venían acompañados de otros golpes, intuía que de fusta, que se descargaban con fuerza sobre la parte superior de mi culo, a intervalos irregulares, supongo que dados por el chico que me follaba la boca. 37, 38…

-          Ufff – se oyó a mis espaldas cuando una mano se posaba sobre mi culo, empezando a sobarlo, haciéndome abrir la boca por el escozor, sin que la polla que me follaba la garganta parara.
-          Este culo está ya casi perfecto - La misma voz, del chico de barba espesa.

Esta vez el dedo parecía venir acompañado de otro cuando empezó a deslizarse por la entrada de mi ojete. Tarde un par de segundos en darme cuenta de que no venía un dedo. Relajé mi culo todo lo que pude hasta que la polla, de longitud normal pero de buen grosor estaba dentro de mi culo. El chico tardó unos segundos más en empezar a tener la cadencia propia de una buena de follada. Mi boca se había vaciado y yo gemía al ritmo de la follada, aun con los ojos cerrados, notando el escozor en mis nalgas, más cada vez que sus piernas chocaban contra ellas cuando su polla llegaba hasta el fondo, o sus manos dejaban de sujetarme la cadera para agarrar mis heridas.

Una manos se dirigieron a las mías, abrí los ojos para ver que era el líder del grupo él que estaba intentando cambiar mi posición. Me tuve que apoyar en él para resistir las embestidas cuando la silla se retiró de debajo de mis brazos. Incorporé ligeramente mi cuerpo, intentando mantenerme en pie, pues el apoyo parecía irse cada vez más lejos, haciendo que la polla que disfrutaba mi culo no llegara tan adentro como antes, aunque siguió dándome las mismas embestidas. No sabía muy bien qué hacer con mis brazos, los extendí hacia adelante para balancear mi posición, intentando seguir lo suficientemente agachado para que la polla me entrara lo más posible por el culo.


El líder del grupo había dejado de ser mi apoyo porque quería seguir jugando. Descubrí que era su polla la que me había estado follando la boca minutos antes y ahora, con ella todavía dura balanceándose delante de mí se dirigía hacia mí con una sonrisa y la fusta en la mano, dispuesto a, acariciar primero mi torso con ella, para después empezar a descargarla con fuerza. Recorrió mi abdomen y mis pectorales, sacándome un gemido fuerte cada vez que su mano se iba de fuerza y me golpeaba con la punta de la fusta, mientras mi culo seguía doloroso y aguantando las embestidas, que se estaban ya volviendo cortas, mientras sujetaba mi cadera tirándome de mi hacia su polla. Los golpes de fusta no pararon mientras el chico enganchado a mi culo se deshacía en gemidos, corriéndose dentro de mí con largas y profundas embestidas. La cara del chico con barba apareció por delante de mí. Al menos, ya sabía quién me había follado.

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