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martes, 4 de julio de 2017

Provocaciones Sumisas

Lo estuve dudando durante bastante tiempo. Por un lado no me siento nada orgulloso de haber roto mi abstinencia por un fallo de cálculo tan burdo como el mío y por otro, me daba vergüenza los golpes todavía visibles en mis muslos, nalgas, incluso en la polla.


Sin embargo finalmente decidí que era una forma de que todos pudieran darse cuenta de mi condición. Así que, al mejor estilo provocativo, salí de casa, sin ropa interior, y con la ropa del gym ya puesta, aunque llevaba otra de recambio en la mochila. Por supuesto, cuando entré, lo hice directo al vestuario dónde me quité toda la ropa sin hacer nada más. Después abrí mi taquilla, completamente en pelotas y procedí a colocar la ropa dentro, tranquilamente. Finalmente, abrí mi mochila para sacra la nueva ropa y me la puse para empezar a hacer mis rutinas. ¿Había alguien mirándome? La verdad es que no lo sé. Lo hice todo con tranquilidad, sintiéndome orgulloso de mi cuerpo marcado por los Dominantes a los que le había dado placer la semana pasada, pero mirando al frente en todo momento. Desde luego si había alguien, quería que vieran mis marcas.

Hice la rutina de gym casi sin descansos y un par de series extras, como siempre, completamente fuera de la vida: no pensaba en nada. Mi consciencia volvió ya de camino de vuelta al vestuario, que esta vez sí que estaba bastante lleno. Pero yo repetí el mismo ritual, claramente diseñado para exhibir mi cuerpo, a modo de provocación, esta vez dejando claro mi condición; o eso esperaba, por las marcas que exhibía. Me desnudé completamente delante de mi taquilla, sin haberla abierto. Una vez desnudo, coloqué tranquilamente la ropa sucia dentro de mi mochila y tomando la toalla, perfectamente doblada, me fui caminando hacia las duchas. Noté varias miradas, o eso creo.

Me duché en una ducha abierta, tranquilamente, con agua caliente y mi polla no se inmutó, pese a la situación; supongo que el haberme corrido el día antes había ayudado en eso. Me enjaboné con mucho cuidado, pero sin ocultar mis caras de dolor, y a veces con un pequeño gemido cuando pasaba la mano jabonosa sobre las heridas más grandes, que todavía había en mis muslos. Me sequé tranquilamente en la puerta de las duchas y doblé de nuevo la toalla mojada para salir al vestuario sin cubrirme de ninguna forma, hacia mi taquilla, de la que saqué la misma ropa de deporte con la que había llegado.

De vuelta a casa, de nuevo sin ropa interior, mi polla sí que empezó a despertarse, quizás ya por la consciencia de lo que había hecho en el gimnasio, o por las claras miradas que descubría hacia mi paquete, libre dentro de mis pantalones.

Ducha fría al llegar a casa. Es como empezar de nuevo…

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