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jueves, 9 de agosto de 2018

Adorando músculos por cam


En suspensorios sentado delante de mi ordenador, pensando ya que cómo tantas veces no aparecería nada interesante. Pero su nick me llamó la atención por dos motivos: el primero muy obvio, se anunciaba como XXL y el segundo porque buscaba un “pagafantas”; y yo siempre me he considerado uno, entre otras cosas.

Le saludé sin esperar respuesta y así fue; seguí sin esperanza viendo los mensajes del chat general y los nicks de la gente que entraba y salía constantemente. Ya había cerrado la conversación privada con él cuando se volvió a abrir “Hola”.


La conversación fue bastante normal, basada en que me había gustado su nick y sobretodo, interesado en por qué el “XXL”; parecía que me daba largas en cuanto a explicármelo hasta que comprendí que lo decía por todo. El macho no era especialmente joven, pero lo que ya me quedaba claro es que manejaba un rabo descomunal y que además estaba cachas. Por supuesto, quise comprobarlo.

Su dominación era muy sútil pese a que mi nick decía claramente que yo era un esclavo hasta que le dije que me sentía también un pagafantas. En ese momento, sus expresiones cambiaron completamente y me empezó a hablar como lo que realmente soy. Yo me decidí a pedirle verle por webcam, para lo que puse dos condiciones: que yo también encendiera la cam y que le pagara por ello.

Lo dudé un instante hasta que me levanté de golpe de mi silla empujándola a la vez con mi pie para que rodara hasta golpear la pared tras de mí. Casi con el mismo gesto me puse de rodillas mientras abría los ajuste de mi webcam para comprobar que todo funcionaba. Unos segundos más tarde, estaba entrando en paypal y ya tenía su dirección colocada en el campo de “Destinatario”. No había dicho ninguna cantidad…. De nuevo dudé unos segundos y escribí:

50,00 €

Un nuevo segundo de duda y pulsé el botón de “Enviar” cambiando rápidamente de vuelta a la conversación con el Amo improvisado, para escribir:

- Cuando usted quiera

- Eres tú el que acaba de palmar pasta? - preguntó él de vuelta.
- Sí, Señor – escribí rápidamente.

Unos segundos más tarde estaba viendo sus enormes pectorales por webcam, impresionado por los mismo. De vez en cuando, hacía algunos gestos con sus brazos, de forma que también podía ver sus bíceps y eso me dejaba aun más atónito. De verdad tenía un cuero XXL bellísimo.

El resto de la conversación siguió de forma un poco decepcionante. Aunque seguía teniendo conmigo una actitud claramente dominante, recordándome en todo momento que su cuerpo era realmente genial, llegó a reconocer que el mío no estaba nada mal tampoco y que, “si lo llegaba a saber” no me cobraba. Intenté no hacer caso a ese tipo de frases y continué apreciando su cuerpo todo lo que pude; aunque tuve que levantarme un par de veces de mi cómoda posición de rodillas, justo con la cabeza a la altura del ordenador, apreciando sus músculos sin reparo.

Lo mejor fue cuando se levantó, me pareció poco tiempo, aunque fue un buen rato. Él estaba desnudo y delante de mi pude ver su polla, meneada despacio por una de sus grandes manos, poniéndose cada vez más dura. No lo estaba del todo, pero mediría… no lo sé decir realmente… mi mente solo pensaba en meterme ese enorme nabo en mi boca y lo profundo que llegaría en mi garganta, incluso molestándome por lo gordo que también era. Creo que hasta me cayó la baba en ese momento.

La siguiente vez que me llamó “pringado” fue a través de su voz. Aunque creó que no me llegaba bien por las comunicaciones o que tenía algún tipo de distorsionador de voz, pues sonaba un poco robótica, me pareció una voz en exceso varonil. Eso me dejó aún más petrificado, sin dejar de mirar de nuevo sus pectorales definidos por encima de un abdomen también escultural. No tenía vello; parecía que se lo había quitado. Creo que me cayó de nuevo la baba, deslizándose por mi labio inferior, sin darme tiempo a cerrar la boca, para estrellarse directamente en el suelo en forma de una gota transparente.

Ni siquiera me di cuenta de mi erección dentro de mis suspensorios hasta que no había cerrado la videoconferencia. Lo último que vi fue su mano levantando el dedo del medio; dedicado para mi. Volví corriendo a la pantalla que tenía oculta y, aunque tuve que volver a identificarme, repetía la operación que había hecho unos minutos antes: le envié rápidamente otros 50 € justo antes de escribirle de nuevo:

- Gracias, Señor.

- Jajaja – fue su única contestación.

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